Sagrado Corazón
SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Deuteronomio 7, 6-11; 1Juan 4, 7-16; Mateo 11, 25-30
Reflexión personal

Sagrado Corazón
Sagrado: Se relaciona con lo divino, con aquello que excede los límites de lo inmanente, y nos aboca a lo trascendente, lo misterioso, lo hermosamente incomprensible, y así, nos mueve al respeto y veneración.
Corazón: Es lo central de alguna cosa. En el caso del hombre, es su íntima profundidad: la persona en sí que se abre a todas sus potencialidades e inicia un camino de encuentro a todo lo que hay, para que en lo profundo, sumido en la nostalgia, vaya al encuentro de Dios.
A mi parecer, el Sagrado Corazón de Jesús es una interpelación directa y personal al encuentro con lo divino: es la apertura sincera y transparente que hace Jesús de sí para que yo lo conozca, pero sobre todo, lo ame. No es un mero sentimentalismo: es su ex-posición, una entrega gratuita e inmerecida que sale del interior dejando de lado toda apariencia y lo muestra tal cual es, invitando a la tarea de abrirse a él y participar de su misterio. Sagrado Corazón es el Cristo en sí, en la profundidad de su persona, que viene al encuentro del hombre, invitándole a la comunión.
Es una unión de corazones: exige que también yo abra mi corazón, que vaya hacia él, me deje tocar por él, que es Otro experienciable y que también ha manifestado su apertura y amor. Es ser como soy, tal cual soy, en mi profundidad, para unirme y cobijarme en él, tal cual es, en su misterio y divinidad.
En su corazón encontramos el cobijo y la providencialidad divina: él mismo nos lo ha prometido, y su palabra es infalible.
Pero, ¿cómo un sucio y miserable corazón manchado por el pecado puede entrar en contacto y común-unión con algo tan puro y venerable como es el Corazón de Jesús? ¿Es acaso posible tal sacrilegio?
Recordemos que lo sagrado es refugio y amparo también y sobre todo para los delincuentes. En nuestro caso, es refugio para nosotros los pecadores: esto no por un abuso, sino por la posibilidad de conversión. Refugio puede significar también: “albergue en la alta montaña”, es decir, lugar alto, privilegiado, donde estamos lo más cerca de lo inmenso, de lo inalcanzable; en último caso, de Dios mismo.
Refugiarse en el corazón de Jesús es reconocer nuestra precariedad y miseria, y abrirnos así a la pura y verdadera experiencia de Dios por Jesucristo en persona. El sana así nuestras heridas, perdona nuestros pecados, y purifica nuestro sentir, para así caminar con él, siempre a su amparo y con la seguridad de que no nos defraudará.
Abrirse a experimentar el Corazón de Jesús es mantenerse atentos, velando y acudiendo a cada momento en que el mismo Cristo se nos revela, pero bajo diferentes apariencias: en la lectura asidua, meditada y orante de su palabra; en la interpelación constante de nuestro prójimo, especialmente el más necesitado; en la oración personal y comunitaria; en la Sagrada Eucaristía, momento solemne en que su presencia real es mucho más explícita y nos permite el contacto directo y comunión, misterio privilegiado de salvación y prenda de Vida Eterna.
Ser devoto del Sagrado Corazón es abrirse a Jesucristo, querer dejarse amar por él, y conociéndolo en profundidad, dejarse sanar y llevar a la vida eterna, como es el querer de Dios para todos nosotros.
Fr. Vladimir Antonio Molina Cruz
O. de M.
