Cristo Redentor

FIESTA DE CRISTO REDENTOR

Isaías 63, 7-9; Efesios 1, 3-10; Juan 3,14-18

Reflexión personal

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Cristo Redentor

Según el Nº 6 de las Constituciones Mercedarias: «Los mercedarios tenemos como Maestro y Modelo a Cristo Redentor (…) y estamos dispuestos a seguirlo sacrificando hasta la propia vida en el ejercicio del ministerio redentor». ¿Qué nos mueve a esto?

En primer lugar, debemos reconocer que este ímpetu redentor, esta vocación al sacrificio liberador, no brota de uno mismo, sino que es fruto en respuesta al amor que Dios nos ha mostrado en su hijo: él nos lo ha enviado para nuestra salvación, y de este modo él mismo se ha hecho presente en nuestra historia para que nos volvamos a él y participemos de su divinidad como hijos suyos.

Cristo ha consumado esta misión en su Cruz: no se ha limitado a comunicar su mensaje con palabras y obras, sino que ha llegado al extremo del amor, sacrificando su vida para nuestra liberación del pecado, en el que nos hallábamos cautivos del mal y camino a la perdición.

Es por esto que, tocados por Dios en el corazón, apasionados por su gesto redentor, hay quienes quieren seguir a Cristo comprometidos a dar su vida por la liberación de otros: son quienes sabiéndose cautivos, pero liberados en Cristo, quieren comunicar a sus hermanos esta liberación, sin medir costos, para que todos se salven y lleguen a la vida eterna.

Pues bien, ¿Qué tipo de liberación es la que ofrece un discípulo de Cristo Redentor, si ya este nos ha liberado del pecado?

El mercedario ciertamente, en tanto se mantiene fiel al fundamento de su carisma, está llamado a ofrecer una liberación en los diferentes planos de la vida humana, a enfrentar las cautividades del hombre que impiden conocer a Cristo, y a quienes ya lo conocen, aquellas cautividades que hacen peligrar su fe. Es decir, el mercedario-redentor debe ser capaz de conocer, encarnarse en las instancias de privación de libertad que imponen y limitan el desarrollo plenamente humano, para así dar una respuesta actual y suficiente a aquellas problemáticas o sistemas que impiden o rechazan el mensaje de amor de Jesucristo.

Aún así, esto no es una tarea fácil. Celebrar la fiesta de Cristo Redentor debiera animarnos a actualizar nuestro compromiso con él, reflexionando sobre nuestro ministerio redentor, renovándonos en su amor misericordioso, pero primero y sobre todo debiera animarnos a reconocer que aún somos cautivos y necesitados de libración. Y es que sin la constante experiencia de redención que efectúa Cristo en nosotros, difícilmente podremos comunicarla a nuestros hermanos.

El que sigamos a Cristo Redentor y tengamos un hermoso pasado de mártires mercedarios, de constante entrega liberadora por la fe y la evangelización, no debe dejarnos descansar en los laureles adquiridos por estos nuestros antecesores, sino que debe ser la motivación para entregarnos con convencimiento y sin medida alguna al ministerio redentor que la actualidad nos exige y demanda.

Pongamos nuestra confianza en nuestra Madre María de la Merced para llevar a cabo tan desafiante misión: es ella quien a través de su historia y la nuestra nos demuestra que esto es posible, y que hay variadas formas e instancias auténticas para realizar tal menester. Solo basta que nos mantengamos atentos a las necesidades de nuestros hermanos, a pesar de lo pequeñas que puedan ser, y ahí hagamos presente, a modo de entrega un gesto de amor misericordioso, aún a costa de nuestro propio sacrificio.

Fr. Vladimir Antonio Molina Cruz

O. de M.

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~ por vladimirmolina en 4 abril 2009.

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